Para arrojar luz sobre la problemática actual de la corrupción,  la falta de credibilidad en nuestros gobernantes, la impunidad, etc, diremos lo siguiente:

El Estado esta compuesto de dos esferas, la sociedad civil y la sociedad política (una tercera esfera es el estrato económico o infraestructura). Si descartamos la tesis marxista ortodoxa de que la infraestructura determina a la superestructura (sociedad civil y sociedad política), según la cual estaríamos a punto de un colapso de nuestro sistema capitalista y mas a tono con las teorías modernas, diremos que lo que existe no es una confrontación entre la estructura económica y la superestructura política, sino una grave contradicción entre la sociedad civil y la sociedad política. Una fuerte puja entre dos esferas, que en algunos periodos de la historia estan en equilibrio y en otros periodos estan en franco enfrentamiento.

En la sociedad civil se producen las demandas de los individuos y de los grupos por mas justicia, gobernabilidad, distribución equitativa de la riqueza, democracia participativa, «accountability» (obligación de rendir cuentas y transparencia), mejores condiciones socio económicas para todos y no solo para algunos. Estas demandas de la sociedad civil estan planteadas y van dirigidas a la sociedad política, o Estado en sentido restringido, básicamente los tres poderes típicos del Estado liberal de derecho.

La esfera de la sociedad política, que es la esfera del Estado que debe responder a estas demandas, y cumplir con las exigencias de la sociedad civil, se encuentra en absoluto estado de parálisis. No sabe que hacer. Y aquí debemos incluir a los partidos políticos tradicionales, que a veces figuran en la sociedad civil y a veces figuran en la sociedad política. En Costa Rica, claramente los partidos políticos tradicionales son parte fundamental del problema, razón por la cual debemos incluirlos en la esfera de la sociedad política, como parte del vetusto andamiaje.

Al no surgir respuestas de parte de la sociedad política, que es la otra cara de la moneda de la sociedad civil, surge la ingobernabilidad en su manifestación mas extrema, la incapacidad de los poderes del Estado de resolver los problemas tanto de una como de otra esfera. Pero esta ingobernabilidad va in crescendo porque las demandas de la sociedad civil aumentan cada día, sin encontrar respuestas de parte de las instituciones republicanas. Lo mas grave es que la ingobernabilidad produce una serie crisis de legitimidad del Estado, en sentido ampliado: sociedad civil + sociedad política.

Por ello se afirma que la solución de una grave crisis que amenaza la sobrevivencia de un sistema político debe buscarse en la sociedad civil, y no en la sociedad política, ampliamente cuestionada. Es allí donde se pueden encontrar nuevas fuentes de legitimación y por ende nuevos espacios de consenso, entre los diversos actores del país. Es en la sociedad civil donde actúan los aparatos ideológicos capaces de producir nuevas soluciones (asociaciones, partidos políticos emergentes, periódicos, universidades, intelectuales), ya que solo ellos pueden ejercer la nueva hegemonía que requiere la sociedad civil para producir el consenso necesario y no la coerción que quisieran algunos.

La sociedad política siempre ha representado el momento de la coerción y la sociedad civil siempre ha representado el momento de la eticidad, al menos desde Hegel. Por ello la solución a este dramático desenlace no podrá provenir de quienes estan siendo cuestionados y han sido incapaces de producir una reforma del Estado desde 1948. Dentro de nuestro sistema deficiente presidencialista no queda otra opción que los diferentes sectores se aglutinen, dejen a un lado sus diferencias y desde el nuevo congreso produzcan un modelo de Estado superior. Un Estado parlamentario, donde ademas el Ministerio Publico, el Tribunal Constitucional y la Inspección judicial sean órganos independientes. Un sistema transparente y diáfano de la elección de los magistrados y de los diputados. Un Estado que promueva el crecimiento económico pero paralelamente la equidad social; desentrabar la Estadolatria para que la burocracia deje de ser un obstáculo para los pequeños, medianos y grandes empresarios; eliminar las diabólicas restricciones a las importaciones que fue el inicio del Cementazo. Reformar el sistema tributario para que sea  sencillo, fácil de cumplir y de controlar y donde no se utilicen las artimañas contables para dejar de aportar. Y que paguen el impuesto sobre la renta absolutamente todos, sin excepción. Eliminar el viejo andamiaje de instituciones autónomas y semiautónomas que le han restado poder al gobierno central, y generan gastos inútiles. Aquí se debe pensar en reorientar las tareas de las municipalidades y asignarles presupuestos adecuados, dentro de un nuevo esquema geográfico cantonal representado por no mas de veinte municipalidades, como en Suiza.

En fin  solo es posible esto si dejamos a un lado a los viejos representantes de nuestra patriarcal sociedad política y damos campo a las nuevas generaciones de la sociedad civil, para que trabajen por un rediseño del Estado, ajustado a la modernidad y a los mas sagrados valores de la patria.