En el libro del Apocalipsis (capítulo 6, versículo del 1 al 8) se alude a los cuatro jinetes para describir simbólicamente diferentes eventos que tendrán lugar durante el período de “la gran tribulación”:
1-El primer jinete blanco representa el anticristo.
2-El segundo jinete rojo representa la guerra.
3-El tercer jinete negro representa la crisis económica, muerte, penuria, desnutrición y la hambruna.
4-El cuarto jinete amarillo representa las enfermedades y las muertes.
Efectivamente, la humanidad ha tenido su Apocalipsis, pero no es como el descrito en la Biblia, a saber:
- El jinete de la religión:
La religión nos enseña que el mundo fue creado por Dios. Es una obra que no es el resultado de la acción del Hombre. En consecuencia, debemos aceptarlo tal y como está, y en general cualquier modificación que introduzca el ser humano atenta contra lo preestablecido, que es sagrado. Por lo tanto, ¿deberíamos dejar que la población aumente en seis mil millones, aunque la mayoría muera de hambre -porque la voluntad del hombre no puede contradecir el precepto bíblico de “multiplicaos”? Si esto ocurriera, significaría la destrucción del planeta, pues los científicos han indicado que la población máxima que soporta el mundo es de 800 millones de seres. - El jinete de los regímenes totalitarios:
La lucha de los individuos por emanciparse de los tiranos y los dictadores ha sido muy larga. Mucha sangre se ha derramado para llegar al consenso de que es la Voluntad General (Rousseau); la Voluntad Universal (Hegel) y la Voluntad Colectiva (Gramsci), las que deben prevalecer contra los designios de uno o varios hombres. El principio que debe regir a las sociedades es aquel según el cual, el bien general debe prevalecer sobre el bien particular. - El jinete de la ignorancia:
El sujeto cuando nace, nace básicamente como un ser ignorante, ni Dios, ni la razón le han provisto de los instrumentos para superarse y mejorar. Los períodos de ignorancia se evidenciarían durante épocas como las de las tribus; de la esclavitud; del feudalismo, de la monarquía o las de los imperios. Por todo esto, Hegel señala que la formación del Estado representa la culminación máxima del “Espíritu Objetivo” -la Historia- al haber alcanzado el “Hombre Colectivo” un grado básico de organización societaria donde la familia, la sociedad civil y el gobierno, se compenetran dialecticamente para vivir en armonía bajo un régimen de leyes que reflejan la civilización alcanzada producto de un pacto social, primero entre los príncipes, luego entre el príncipe y el pueblo; finalmente la concordia humanitaria se alcanza al perfeccionar la organización consensuada de los seres civilizados entre si. - El jinete de la codicia y la avaricia:
Lamentablemente, aun en pleno siglo XXI, sigue reinando la codicia y la avaricia. En virtud de ello, unos pocos hombres, el 1 % de la población se ha apoderado de las riquezas de la mayoría. Pese a haber encontrado un grado razonable de organización societaria, estos hombres han logrado vencer las barreras de las fronteras y se han adueñado de la mayor parte de las riquezas del planeta, sumiéndonos a su control y designios, sin que en esta nueva etapa del neocapitalismo aparezcan alternativas nacionales que puedan combatir la concentración del poderío económico y militar de unos cuantos sobra la vasta mayoría.
Vivimos, pues, en manos de los cuatro jinetes del Apocalipsis, pero no son los que la Biblia describe, son:
- La prevalencia de la religión sobre la razón.
- La prevalencia del totalitarismo, disfrazado de democracia; donde unos pocos deciden la suerte de los demás, bajo un aparente manto de consenso, que no es otra cosa que la hegemonía de unos pocos sobre los demás.
- La prevalencia de la ignorancia sobre la educación y la cultura.
- La prevalencia del capital sobre la virtud humana y la justa distribución del conocimiento y de la prosperidad.
Mientras no tomemos las riendas de estos caballos malignos, los domemos y los pongamos al servicio de las causas nobles y de los mas altos valores, seguiremos padeciendo, dominados por un mundo que solo en apariencia es nuestro.