Lo que está ocurriendo en nuestro país realmente no es una crisis de corrupción. Esa sería una explicación muy sencilla. Realmente estamos, de acuerdo con la filosofía política, ante una «crisis de autoridad», una de cuyas manifestaciones es la corrupción. Es decir, a pesar de que todo se lo atribuimos a la corrupción, esta es solo una manifestación o una característica de un problema mucho más profundo y se denomina así «Crisis de Autoridad».
Que es pues una «crisis de autoridad»? Es aquella circunstancia o serie de circunstancias que se dan cuando la clase que siempre ha dirigido un país, la clase gobernante, ha perdido un elemento esencial que constituye uno de sus atributos, como clase gobernante, el consentimiento del pueblo. Modernamente ya las clases gobernantes no explotan a las clases subalternas, como se acostumbraba en el siglo XIX o antes, a base de coerción, miserables sueldos, esclavitud, servidumbre. La forma moderna de ejercer el dominio de la clase gobernante es mediante una combinación dialéctica de coerción/consenso. El pueblo, dentro de la sociedad civil, no siente que esta siendo explotada, porque goza de ciertos derechos básicos. Cree que está gobernando junto a los gobernantes. El surgimiento de los periódicos, del cine, de la radio, de la televisión, hace innecesario sojuzgar al pueblo por medios violentos; ahora el control sobre los subalternos y los pobres, es decir aquellos sin poder real, se hace mediante medios sofisticados. Ahora podemos incluir también Internet.
Al perder la clase tradicionalmente gobernante (PLN, PUSC, que representan a ciertos sectores económicamente privilegiados de la sociedad), el control sobre las masas, porque ya no posee su consentimiento, solo le quedan los medios represivos: Corte, fiscales, policías, etc. Ya la clase gobernante no está «dirigiendo», solo está «dominando», porque aún mantiene el control formal de los mecanismos propios del aparato estatal para reprimir. Esto ha ocurrido porque las grandes masas se han liberado de sus ideologías tradicionales; aquellas que les hacían creer que este era el país mas feliz del mundo, que los jueces son buenos, que los diputados son inteligentes, que los partidos políticos son representativos, que las elecciones son el panacea, etc… Ya las masas no creen en lo que creían antes. Han despertado.
A diferencia de lo que se conoce como una «crisis coyuntural» , esta es una » crisis orgánica», o sea una crisis que abarca desde las raíces de la estructura económica, pasando por la sociedad civil y culminando en la sociedad política. En qué consiste la crisis? Precisamente en que un orden viejo está muriendo: el poder judicial impune, los bancos estatales ladrones, el gobierno absolutamente inservible, los partidos políticos tradicionales repletos de oportunistas y mediocres, el desempleo, el déficit fiscal, incapacidad para recaudar impuestos, imposibilidad de construir infraestructura, diputados religiosos y semi-analfabetos, ausencia de un régimen de libertad de expresión por el monopolio que ejercen La Nación y Canal 7, que solo empiezan a informar cuando los medios no convencionales y amarillistas, como Extra, CRHOY y las redes sociales empiezan a denunciar lo que es obvio para todos, menos para la prensa tradicional , que es controlada por una élite de este país.
Pero no nos engañemos la verdadera crisis no es esta absoluta falta de transparencia y gobernabilidad, impunidad y frustración ciudadana, la verdadera crisis es la imposibilidad de los nuevos sectores, los que nunca han ejercido el poder, de tener acceso al control de la sociedad política y obtener su cuota de hegemonía para poder poner orden en el rancho ardiendo. Es este inmenso vació de poder entre una clase política vieja, desgastada, sin ideas, codiciosa, y la nueva sociedad civil, pletórica de nuevas generaciones que se ve obligada a votar por los mismos candidatos de siempre, los del Antiguo Régimen, se encuentra la crisis de autoridad, la ausencia de dirección.
Esa es la desazón que recorre el país entero, plagado además por una ola de violencia nunca vista en la historia. Todos los días nos llegan noticias de un familiar o amigo que fue asaltado. La descomposición social ha llegado a tal nivel que la extrema pobreza se ha desbordado, ante la falta de oportunidades, y se ha convertido en delincuencia común. Han pasado otros cuatro años y Costa Rica sigue sin gobierno.La vagancia intelectual del Antiguo Régimen es tan obvia que en sus propuestas de gobierno ni siquiera disimulan su absoluta falta de creatividad. Los mismos candidatos de siempre, los mismos partidos, ahora con la amenaza de un potencial dictador, constituyen el escenario aterrador de la Costa Rica de principios del siglo XXI. No creí que la ingobernabilidad llegara a tal punto que fuéramos a perder hasta la capacidad de encerrar en la cárcel a obvios delincuentes de cuello blanco. Por eso en las encuestas los candidatos aparecen con porcentajes de aprobación bajísimos. Nadie quiere mas a este cartel de políticos, lo que quieren es que se vayan para la casa.
En síntesis espero haber dejado claro que la corrupción es el efecto y que la causa yace en otra parte.